Un clavadista profesional se da un momento de quietud antes de dar el salto.
- Diana González
- 9 jul 2020
- 2 Min. de lectura

Tanto en nuestra vida profesional, como en la personal, a muchos nos ha sucedido que hay algo que queremos lograr, pero nos cuesta mucho trabajo. Tanto, que a veces lo dejamos de intentar. Todos hemos escuchado el famoso “Nunca te rindas” que la perseverancia es un valor, que “Si lo crees, lo creas”, que si verdaderamente lo deseas lo intentarás una y otra vez hasta lograrlo. Palabras que, si bien son muy positivas y motivantes también, sin un contexto y tratamiento adecuado, pueden llegar a ser peligrosas. Si esta perseverancia se convierte en terquedad, si ese deseo no está conceptualizado correctamente, o si aún hagamos las cosas mil veces, el objetivo no se cumple, entonces podemos caer en una frustración tan profunda que podemos llegar a pensar que no somos lo suficientemente inteligentes, buenos, sagaces, fuertes o peor aún merecedores de lograrlo.
Dice el Biol. Humberto Muratana, “Efectividad no puede confundirse con verdad” y en el mundo en que vivimos, pareciera que si no estamos siendo inmediatamente efectivos entonces no somos competentes. Es posible que aún no seamos competentes, es posible que nuestro enfoque necesite ajustes, lo que no es aceptable es que abandonemos nuestros sueños, nuestros proyectos o nuestras aspiraciones debido a una autoexigencia que nos pide todo o nada.
Dicen que en toda crisis hay una oportunidad. Yo creo que hay muchas, pero no todas son para todos. De acuerdo al tema de experiencia y área laboral de cada quien, para algunos ha sido una oportunidad de aumentar sus logros, por ejemplo, quien se dedica a temas que ofrecen o mejoran nuestra experiencia en Internet, o quienes manejan insumos médicos, para la salud, o el bienestar de la gente. También para quienes vieron en esta crisis sanitaria la oportunidad de iniciar un negocio ya sea en lo que recién he mencionado o para ampliar sus horizontes, como ventas de cubrebocas de muchos tipos (y algunas muy creativas), caretas, artículos requeridos por las autoridades para abrir sus negocios, capacitaciones relacionadas con el tema, etc. etc. etc. Pero, ¿y los demás? Para muchos otros no sólo no han encontrado una oportunidad, sino que han resultado bastante lastimados, muchos han tenido que cerrar las puertas de sus negocios/empresas definitivamente.
Reflexionemos sobre ¿Qué nos decimos cuando fracasamos? ¿Cuando los resultados no son lo que esperábamos y nos sentimos decepcionados o que ya no hay opciones?
Lo que estamos viviendo en estos días, puede ser también una oportunidad para quienes saben que insistir en hacer las cosas de la misma forma sin resultados no es la respuesta, pero tampoco el fin.
Tal vez se requiera pensar en hacerlo mejor (innovación) o tal vez se deba hacerlas totalmente nuevas (disrupción). Pero para dar el gran salto, necesitamos tiempo de reflexión y debemos: crear conciencia, diseñar acciones, planificar y definir los objetivos, así como gestionar el progreso y la responsabilidad.
Aprovechemos esta dura etapa para, como el clavadista, darnos el momento de quietud tan necesario, antes de dar el salto.



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